POR FIN LLEGÓ EL “CALORET” A STUTTGART

Buenos días tetes, Aunque no es lo habitual, hoy dedicaré unas líneas a contaros cómo van las cosas por aquí. Sabéis que me gusta hacerlo, al menos de vez en cuando. Así que aviso a navegantes: si alguien no me conoce de nada y pasa de ser partícipe de mi vida, puede dejar de leer. No estoy vigilando. En estas últimas semanas ha pasado de todo. Nuevos amigos, una fiesta multicultural en casa regada de Jägermeister y un maravilloso viaje, del que no quiero hablar porque la mayor parte del mismo no tiene lugar en territorio alemán. Sólo enumeraré los lugares de nuestro fantástico road trip, por si alguien quiere saber más: Aachen (Alemania), Bruselas (Bélgica), Gante (Bélgica), Brujas (Bélgica), Amberes (Bélgica), Luxemburgo y Estrasburgo (Francia). En lo referente al tiempo, comentar que estas últimas semanas nos ha dado una tregua y estamos disfrutando de un poco de sol y temperaturas que llegan a los 10 grados. ¡A lo loco! Y la realidad es que, después de todo, ha pasado el invierno por delante casi sin que nos diésemos cuenta. Y oye, tampoco es tan inllevable como imaginaba. De hecho, me siento orgullosa de anunciar que he sobrevivido a un invierno alemán sin guantes. (Llamarme osada). Aunque no negaré que en alguna ocasión me haya apetecido usarlos. Pero si estiras las mangas del jersey, metes las manos en los bolsillos del abrigo y luego al entrar en un sitio las pones en calor, no los necesitas, creerme. Terminé las clases de alemán en Febrero y en quince días me presento al examen del B1. Y si me preguntáis si me lo estoy preparando, os respondería que un poco, aunque desde luego podría hacer mucho más. Imagino que cuando aumenten mis visitas al baño, mi boca sepa a vómito y sólo queden un par de días, haré un sprint de campeonato. Ya os contaré. Con lo que respecta al curro, ahora, además del trabajo que hago de refuerzo escolar con la niña española y los textos que escribo por encargo (últimamente he tenido varios proyectos), hay que añadir más factores a la ecuación. Estoy recogiendo a un niño del colegio internacional y llevándolo a casa. Por este motivo, ahora tengo que llevar permanentemente una silla en la parte trasera del coche, que puede causar desde confusión a cachondeo. En fin, de momento no, no soy madre. Además, una vez por semana me quedo a darle clase de español a este niño. El chaval es de Arabia Saudí y tengo que decir que es un auténtico crack, ya que con seis años habla tres idiomas perfectamente además del español. Desde luego, si los niños del presente viajasen al pasado y se encontrasen con mi yo y la gente de mi edad de hace 25 años, nos machacarían lingüísticamente. En fin, esto no va a ocurrir ( de momento). También, estoy haciendo de baby sitter. Sí, por lo visto con treinta años y sin tener un novio macarra a quien llevarte a estrenar la habitación de los padres, también puedes conseguir el trabajo. En mi caso se trata más de un favor, que de un empleo, porque es un español que vive a tan sólo cinco minutos de casa. Así que cuando me propuso cuidar de sus hijos cada dos semanas, enseguida le respondí que sí. “Tranquila, estarán dormidos cuando llegues”. “Mira, aquí tienes el DVD por si te aburres”…¡Ya! Un bebé de diez meses y una niña de 2 años, que aunque son majísimos (a primera vista), compiten para llorones. El caso es que no sé si el seguir adelante con este trabajo me va a dar más experiencia para una futura maternidad o me va a a borrar la idea de tener hijos de la cabeza. Desde luego el otro día se me quitaron las ganas de volver a LA CASA, pensando en ella como una casa maldita de las películas de terror. Y es que, ¿hay algo peor que soportar un lloro de manera ininterrumpida y dejarte toda tu energía en detenerlo? El caso es que al volver a salir de allí sin pelo, con la espalda reventada y una ganancia de 20 euros en el bolsillo que primero casi pierdo, y después casi invierto en un masaje, pensé, sólo me queda una cosa por hacer en este país: prostituirme. Así que ayer…(¡bromeaba!). En fin, dejando a un lado todo esto, nosotros estamos “la mar de contentos”, aunque seguimos en un debate abierto de la fecha de vuelta. Lo típico. Pero sí, estamos muy bien (todas las ofertas de trabajo por privado). Y lo mejor de todo es que el viernes vamos a Madrid a cargar pilas y el lunes que viene regresaremos con la perrita. Deseadme suerte para el viaje, ya que creo sinceramente que la vamos a necesitar. ¡Un abrazo, tetes!

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